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Dar, Dar y Dar

Escrito por:

Lorena Valera
¿Qué hacemos, dejamos toda nuestra vida por que los niños necesitan algo? ¡Después de todo, también tenemos necesidades! Y precisamente, a veces, esas necesidades chocan con las de tus hijos.
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Pensar en la vital importancia de nuestro rol como padres me hace pensar en
momentos en los que nos toca dar, dar y dar otra vez.

 

Era mi cumpleaños, y como muchas otras veces cayó en semana santa, por lo que estábamos de vacaciones toda la familia. Por fin era mi día, donde todos, mi esposo y tres hijos, lindamente se habían puesto de acuerdo para que yo decidiera lo que haríamos ese día. Mi plan era desayuno en una cafetería que tiene un yogurt y fruta que me encantan, algo rápido para tener tiempo de ir a caminar por un parque que cuidadosamente ya había preseleccionado, quería pasar un buen tiempo ahí, viendo el lago, dándole de comer a los patos, sentados en la naturaleza, tal vez un picnic cuando les empezara a dar hambre otra vez a los niños. Después en la tarde iríamos a un rico restaurante y terminaríamos en el teatro (obvio, obra infantil, para que todos pudieran entrar). ¡Sonaba maravilloso, y casi IN-CRE-Í-BLE!

“Maaaaaaa” me llama mi hija de 5 años, me duele mucho mi cabeza (cosa que no le había pasado así en su vida), eran las 3am. Yo toda dormida le digo “ahora se te quita amor”, pero a los 5 minutos de escuchar sus quejitas entre dormida y despierta vi que sí me necesitaba despertar. Pasaron los minutos, mi esposo y yo tratando de quitarle el dolor, no sirvieron las medicinas que llevábamos ya que era un dolor intenso. Nos mantuvimos despiertos evaluando si mejoraba o si la llevábamos a urgencias (ya que estábamos en otro país), nos dieron en vela las 5 o 6 de la mañana. Cuando por fin vimos mejoría, le dije a mi esposo que prefería dormir a hacer la primera parte de mi plan cumpleañero. Al despertar, con mucho sueño, pero con ganas de pasármela bien, nos empezamos a alistar para irnos al parque, cuando mi hijo mediano, nos anunció que le dolía la panza muchísimo, las siguientes horas no pudimos movernos del hotel porque no salía del baño. Así que mi cumpleaños transcurría entre un hijo enfermo y el otro.

Horas después, ya cerca de la hora de la comida, se sintió un poco mejor, tomamos un taxi que nos llevó a la parte que más quería, la del laguito, pensé, aunque sea para estar una hora y correr a la reservación de la comida. Llegamos tomamos varias fotos de los niños, mía con ellos, etc, sintiendo que ahora sí el plan había empezado. Empezamos a caminar a darle la vuelta al lago cuando de repente, “Maaaaa, ¡me urge ir al baño!” en medio de la nada, mi esposo y yo apurados buscando un baño o un mapa para para ver dónde había uno… ¡Así celebré mi cumple, gracias a un virus viajero que agarraron los niños en el avión!

Si eres mamá, conoces perfectamente esta cantaleta. Tener que cambiar los planes de último momento como se van presentando y dar y dar y dar otra vez, aunque tengas otros planes o sea tu cumpleaños. Simplemente es parte de nuestro ADN, lo hacemos instintiva e incesantemente, pero puede ser agotador, si no estás preparada. ¿Qué hacemos, dejamos toda nuestra vida por que los niños necesitan algo? ¡Después de todo, también tenemos necesidades! Y precisamente, a veces, esas necesidades chocan con las de tus hijos.

¿Por ejemplo, alguna vez has necesitado un momento para regresar una llamada importante justo cuando tus hijos están más demandantes y con ganas de estar contigo? ¿O alguna vez ibas al baño cuando en ese momento te quieren contar algo importante de su vida y hasta pospones hacer pipí? Estas necesidades, aunque todas validas e importantes, simplemente son diferentes a las tuyas y frecuentemente están en conflicto. ¿Pero cómo nos sentimos cuándo esto nos está pasando? Llega a pasar que éste choque de necesidades en un momento determinado puede resultar en una lucha de voluntades para ver quién se va a salir con la suya. Especialmente si nosotros, los padres, ya estamos rebasados, estamos estresados, abrumados y
exhaustos. Piensa en la última vez que estabas realmente cansada o estresada, ¿Cómo lo viviste?

Estuviste:

• ¿Más o menos propensa a discutir con tus hijos acerca de cosas más tontas y triviales como recoger un juguete o meterse a bañar?

• ¿Más o menos tolerante al ruido o al juego normal de los niños?

• ¿Más o menos lógica y amorosa cuando explotaron con lloridos y comportamientos desafiantes?

Si el cansancio y el estrés complican más nuestra experiencia como padres, pero son parte inevitable del parenting en este mundo moderno, ¿No sería conveniente que conscientemente los enfrentemos y aprendamos a incrementar nuestro bienestar antes de que el estrés y el agotamiento nos quiten lo mejor de nosotros?

Si queremos que nuestros hijos y familia tengan mayores posibilidades de estar bien, tenemos que conscientemente trabajar en nuestro bienestar. Decidir qué recursos o herramientas necesitas para incrementar tu bienestar, no es tarea sencilla, pero si básica. Hay muchas estrategias y herramientas en positive parenting comprobadas científicamente que te pueden ayudar a incrementarlo. Por ejemplo, aprender a estar presentes (mindfulness), aprender a disfrutar (savoring), a intentar tener más emociones positivas que negativas en un día, a tener relaciones personales de mejor calidad, entre muchas muchas otras.

La Dra. Laura Markham ha dicho que la responsabilidad primaria de los padres es aprender a manejar su propio bienestar, ya que éste afecta directamente el bienestar de los hijos, e incluso que tan conectados se sientan a ti.

Cuando estamos más plenos y felices, ese dar, dar, y dar se hace menos amenazador y agotador, y dar nuestro tiempo y atención a otros se convierte en parte de nuestro propio crecimiento. Ayudándonos a que cada día nuestras convivencias sean cada vez más amorosas, reconfortantes y llenas de disfrute.

Vale la pena saberlo y adentrarnos a identificar qué necesidades tenemos y qué nos ayudaría a estar mejor.

Lorena Valera 

 

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